No, no es ninguna exageración afirmar que Sonny Rollings ha estado siempre en el Olimpo de los dioses del jazz, que su nombre está en el mismo nivel que Pharoah Sanders, Miles Davis o John Coltrane. También, que era uno de los pocos supervivientes de la época dorada del jazz moderno, por eso, el mundo de la música siente la pérdida de toda una estrella. El legendario saxofonista ha fallecido a los 95 años en su casa de Woodstock, Nueva York, según confirmó su publicista Terri Hinte en un comunicado público. En los últimos tiempos, el músico enfrentaba problemas de salud respiratoria que lo habían mantenido alejado de los escenarios desde 2012.
Nacido y criado en el barrio de Harlem, Rollins creció escuchando a Louis Armstrong, Charlie Parker y Fats Waller. Comenzó con el saxofón alto, pero a los 16 años cambió al tenor. De adolescente ya grababa con Bud Powell y J.J. Johnson, y más tarde colaboró con Miles Davis —quien lo llamó ‘leyenda’ en su autobiografía— y Thelonious Monk. En 1956 emergió como líder de banda con una serie de grabaciones icónicas como ‘Saxophone Colossus’, ‘A Night at the Village Vanguard’, ‘Tenor Madness’ y ‘Newk’s Time’.
Con los años, su estilo evolucionó: desde un sonido rotundo hasta incursiones en el bebop, jazz vanguardista, calipso y fusión. Pero siempre regresaba al ritmo como fuerza motriz, al que concebía como una fuente de patrones y no como una simple cuadrícula de percusión.
Aunque tomó breves descansos en 1959 y 1966, nunca dejó de trabajar. Su último álbum de estudio fue ‘Sonny, Please’ (2006). En 2010 recibió la Medalla Nacional de las Artes y al año siguiente fue distinguido como Kennedy Center Honoree. En abril de 2016 se publicó ‘Road Shows, Vol. 4: Holding the Stage’, un directo.
Sus problemas respiratorios frenaron su agenda en directo. Dio su último concierto en 2012, semanas después de brillar en festivales como el Detroit Jazz Festival. Dos años más tarde ya no pudo tocar el saxofón. En una entrevista con Pitchfork en 2016, habló de su práctica de yoga y de su búsqueda interior: ‘El mundo se acaba en un minuto y estamos aquí solo un segundo’, dijo. ‘Necesitamos usar este tiempo para descubrir algo. Creo en el karma: sea lo que sea que hice mal, tengo que deshacerme de eso. Y aquí estoy’.