La cantante galesa Bonnie Tyler falleció la noche del miércoles en un hospital de Portugal a los 75 años, según confirmó su familia este jueves. La intérprete, conocida por su inconfundible voz ronca y su melena rubia, residía en el país luso y en el mes de mayo había sido sometida a una cirugía intestinal de urgencia en un centro cercano a Faro. Tras la intervención, los médicos la indujeron a un coma para favorecer su recuperación. Aunque logró despertar, su estado continuaba siendo crítico y permanecía en la unidad de cuidados intensivos, donde finalmente falleció.
Nacida como Gaynor Hopkins en Skewen, un pequeño pueblo minero cerca de Swansea, en 1951, creció en el seno de una familia humilde y fue la menor de seis hermanos. Dejó los estudios para ganarse la vida cantando en bares, donde un cazatalentos la descubrió y la animó a probar suerte en Londres. Su característica garganta áspera no fue natural, sino que surgió tras una operación para extirparle unos nódulos en las cuerdas vocales. Lejos de hundirse, la galesa convirtió aquella ronquera en su seña de identidad y en 1977 llegó el primer gran éxito con 'It’s a Heartache', una balada arrolladora que se coronó número uno en la España de la Transición y que popularizó en el programa musical Aplauso, cuando solo existían dos cadenas de televisión.
Pero su obra maestra llegaría en 1983 con 'Total Eclipse of the Heart', un baladón épico de siete minutos compuesto por Jim Steinman que incluía en los créditos a miembros de la E Street Band de Bruce Springsteen, como Roy Bittan al piano y Max Weinberg a la batería. El tema se convirtió en un himno generacional y hoy sigue batiendo récords, acumulando más de mil millones de reproducciones en plataformas digitales y una presencia cuasi perenne en la radio. Su enigmático videoclip, rodado en un antiguo manicomio gótico de Surrey, sigue generando teorías extrañas y la propia artista recordaba que los perros del set se negaban a entrar en las habitaciones donde se aplicaban tratamientos de electroshock. Un año después llegó el tercer gran bombazo, 'Holding Out for a Hero', impulsado por su inclusión en la banda sonora de 'Footloose' y rejuvenecido en 2004 gracias a 'Shrek 2', un trallazo dance entre el disco y el technopop que sigue sonando delicioso.
Aunque su época dorada se circunscribió a unos siete años, Tyler nunca dejó de subirse a los escenarios. Era especialmente querida en España, donde giraba cada verano con paradas en Fuengirola, Alicante o Mallorca, y donde siempre encontraba un calor que en su Reino Unido natal le fue esquivo. Incluso en 2013 representó al país británico en Eurovisión con 'Believe In Me', quedando en el puesto 19. Su último trabajo de estudio, 'The Best Is Yet to Come', data de 2021 y cosechó buenas críticas. La artista, que solía declarar sentirse una chica de clase trabajadora y que nunca entendía por qué iba a rechazar un concierto, mantuvo la actividad hasta el final. En sus directos, además de sus himnos, se atrevía con versiones de Creedence, Bee Gees o Kiss. Su partida deja un vacío en la memoria afectiva de varias generaciones que crecieron con esa voz desgarrada y aquellas canciones ampulosas que, con el tiempo, han ganado la batalla del reconocimiento.